Diagnóstico y tratamiento de las lesiones quirúrgicas de las vías biliares. 7ma. parte

Diagnóstico y tratamiento de las lesiones quirúrgicas de las vías biliares. 7ma. parte



TÉCNICA DE DERIVACIÓN BILIAR EXTERNA

Hay situaciones en las que una reparación biliar primaria no es viable: coagulación generalizada de la vía biliar extrahepática cuyo nivel superior de extensión es difícil precisar, vía biliar milimétrica o estados locales de inflamación notable que no permiten técnicamente una reparación biliar de seguridad.
En estas condiciones, y una vez consensuado con un cirujanó más experimentado, sólo es lícito optar por una solución terapéutica que no implique una reparación biliar primaria, con el objetivo de esperar posteriormente la aparición de una estenosis y, por consiguiente, de una dilatación de las vías biliares intrahepáticas suprayacentes, más proclives a una reparación biliar de calidad. En caso de un conducto sectorial o segmentario derecho aislado, es posible lograr una oclusión definitiva mediante un clip o una ligadura, siempre y cuando se haya comprobado mediante colangiografía selectiva que el sector biliar drenado por este conducto es limitado.
De no ser así, se organiza una derivación biliar externa mediante introducción de un catéter de Silastic, unido al extremo distal del conducto biliar seccionado, ahorrando al máximo el muñón biliar superior. Esta técnica puede igualmente aplicarse en caso de muñón biliar superior milimétrico del conducto biliar superior.
 Tras la exteriorización cutánea del o de los catéteres de derivación biliar externa, se lleva a cabo una amplia epiploplastia de cobertura en el hipocondrio der
echo después de un desprendimiento coloepiploico completo para aislar la región quirúrgica del resto de la cavidad abdominal. Se coloca un drenaje ancho subhepático a menudo múltiple (fig. 2.16).

 
Fig 2.16. Colangiografia de control mediante un drenaje de derivación biliar externa para una lesión tipo









11 según Bismuth detectada durante una exploración quirúrgica precoz en una peritonitis biliar.

Se tiene gran cuidado en no dejar que el drenaje contacte con estructuras vasculares del pedículo hepático con objeto de evitar una erosión vascular postoperatoria o la aparición de un seudoaneurisma (fig. 2.17
).

Fig 2.17 Seudoaneurisma    en la rama derecha de la arteria hepática en una paciente con derivación biliar  externa  de  seis  semanas  de  evolución con aparición                                             de  una  hemorragia  por  el  drenaje subhepático y tratada con embolizacion selectiva.

En caso de necrosis térmica generalizada de la VBEH y de las VBIH (vías biliares intrahepáticas), asociada con lesiones de isquemia hepática sobre una lesión arterial asociada (fig. 2.18), cualquier intento de reparación biliar primaria o secundaria es ilusoria y sólo puede contemplarse un trasplante de hígado, siempre y cuando no exista una sepsis generalizada.

Intento de reparación biliar precoz en un paciente que presenta una peritonitis biliar en el transcurso de una colecistectomía laparoscópica: la exploración quirúrgica ´pone de manifiesto: a) necrosis generalizada de la vía biliar extrahepatica. B) asociada con una necrosis de las vías biliares intrahepáticas en la colangiografia peroperatoria y con lesiones de isquemia hepática por lesiones arteriales asociadas.

COMPLICACIONES PEROPERATORIAS
Las complicaciones peroperatorias más frecuentes son:
-   La incapacidad de lograr una reparación biliar primaria continente y permeable. Sea cual sea el tipo de reparación biliar primaria, se realizará una prueba con azul de metileno mediante un catéter de colangiografía transcística al final de la intervención quirúrgica para evaluar la continencia de la anastomosis.
-   La persistencia. en particular en caso de lesión biliar hiliar (tipo IV según Bismuth) o de anomalía biliar (tipo V según Bismuth) de un sector biliar dañado no detectado y. por consiguiente. excluido de la reparación biliar primaria. Responsable en el postoperatorio de una fístula biliar externa crónica. En el curso de la intervención quirúrgica se aconseja inspeccionar atentamente el campo quirúrgico para detectar otro conducto biliar dañado después de cateterizarlo para llevar a cabo una CPO selectiva.
Asimismo al final de la intervención se tamponará el campo quirúrgico con una compresa para detectar si existe alguna fuga persistente de bilis. Cuando el conducto implicado drena un territorio biliar limitado puede ligarse o pinzarse electivamente.
-   Lesiones vasculares o digestivas. la mayoría de veces asociadas con un traumatismo inicial. aunque a veces en relación con una disección quirúrgica generalizada y deteriorante de estructuras del pedículo hepático. Ocultas en una inflamación local a veces significativa. sobre todo en el caso de una reparación biliar primaria precoz.

Errores que deben evitarse
o Establecer un diagnóstico postoperatorio tardío de traumatismo biliar y exponerse a una coleperitonitis postoperatoria.
o Reintervenir al paciente sin disponer de una imagen biliar completa.
o Llevar a cabo una reparación sin haber extirpado los tejidos biliares con lesiones térmicas. o Dejar un sector biliar excluido de la reparación biliar primaria.
o Hacer una sutura o una anastomosis bajo tensión.
o Realizar una sutura/anastomosis imperfecta desde el punto de vista técnico, responsable de una fistula biliar postoperatoria y, por consiguiente, de una estenosis a largo plazo.
o Insistir en tratar solo y sin experiencia un traumatismo biliar grave.
o Ocultar la verdad al paciente o minimizar la situación, lo cual puede conllevar demandas médico- legales.

CONSECUENCIAS DE LA Cirugía
Asociados con una mortalidad del 5-10% Y una morbilidad postoperatoria del 20-50% los traumatismos quirúrgicos de la vía biliar representan por tanto, una patología peligrosa para el enfermo con un impacto significativo en su calidad de vida física y psicológica a largo plazo [13]. Sin mencionar el riesgo de reestenosis biliar a largo plazo. Que se estima entre el 20 y el 40% y que justifica por consiguiente, una estrecha vigilancia biológica y radiológica [1, 2. 4, S, 13-15]. Es habitual el tratamiento antibiótico perioperatorio así como una vigilancia atenta del contenido de los drenajes subhepáticos colocados en busca de una fístula biliar. Las complicaciones postoperatorias más frecuentes se desprenden de: Lesiones traumáticas iniciales no detectadas en el peroperatorio (ligadura o pinzamiento arterial. lesión digestiva: duodenal o cólica transversa derecha. etc.).
-   De una reparación biliar primaria inadecuada, complicada por dehiscencia o fuga anastomótica. responsable de complicaciones biliares (fístula biliar. coleperitonitis. etc.).
-   De complicaciones infecciosas (sepsis biliar. absceso subfrénico o subhepático. shock séptico. insuficiencia renal. Fracaso multiorgánico. etc).
Con frecuencia la aparición de una fístula biliar anastomótica es responsable con el tiempo de una reestenosis biliar, la cual exige endoscopias repetitivas o con mayor frecuencia tratamiento quirúrgico más complejo y con mayor morbilidad.

PRINCIPIOS DE PREVENCIÓN DE LAS LESIONES QUIRÚRGICAS DE LA VÍA BILIAR
Nada más lejos de la realidad que pretender establecer "fórmulas infalibles" para la prevención de las lesiones quirúrgicas de la vía biliar. Tal vez uno de los principios más criteriosos es tener presente que cualquier cirujano puede producidas. Solo a partir de esta premisa pueden ser útiles las siguientes recomendaciones:
A.             Apertura del ligamento colecistoduodenal que permita una visualización adecuada del triángulo de Calot.
B.            Identificación de las estructuras previa a cualquier procedimiento "sin retorno" (sección, colocación de clips).
C.            Disección de la unión cisticovesicular.
D.            Interpretación de la anatomía y de las variaciones  anatómicas.
E.             Evitar la tracción vesicular que coloque al cístico en posición paralela a la vía biliar.
F.             Evitar el uso del electrocauterio en el triángulo de Calot.
G.            Colocar un clip en la arteria cística antes de la colangiografía.
H.            Empleo sistemático de la colangiografía dinámica para visualizar: longitud de implante del conducto cístico, presencia de todos los segmentos intrahepáticos, relación de la vía biliar con el clip arterial (si pudo colocarse previo a la colangiografía)
I. Indicación criterios a de conversión en cirugía a "cielo abierto".

Tratamiento preventivo de las lesiones biliares

La lesión biliar es una complicación grave para el paciente y para el cirujano. El impacto económico también es considerable. Hay que añadir que alrededor del 60% de las demandas en las que están implicadas las intervenciones por laparoscopia incumben a las lesiones biliares, lo que pone de relieve la relevancia de las medidas preventivas. De forma esquemática, se pueden enumerar tres reglas básicas generales y tres reglas de tipo técnicas  
Reglas básicas
•Regla 1: se debe recordar que ningún cirujano, con independencia de su experiencia, está a salvo, por lo que en cualquier colecistectomía hay que pensar en las complicaciones y mantener la concentración.
              Regla 2: hay que recordar que, al igual que en cualquier intervención quirúrgica, la experiencia es relevante y que la laparoscopia en especial requiere un aprendizaje específico. La relevancia de los programas de aprendizaje ha sido subrayada por muchos autores y los estudios han demostrado el beneficio de la utilización de simuladores en su docencia. Las primeras colecistectomías deben realizarse con un máximo de prudencia y precauciones, con ayuda de un médico más experto.
•Regla 3: en las laparoscopias, el material debe verificarse y se debe exigir que la columna de vídeo proporcione una calidad de imagen excelente, preferir la coagulación bipolar y asegurarse del buen estado de los instrumentos (clips, pinzas).
Reglas de orden técnico
Regla 1: respetar de forma rigurosa el manual quirúrgico
•No se debe comenzar hasta que no se tenga una buena exposición (añadir en ocasiones un instrumento para elevar el segmento IV o para separar un lóbulo izquierdo voluminoso).
•Evitar las tracciones laterales excesivas de la vesícula, que «tiran» de la vía biliar. Hay que preferir tracciones suaves a 45° y la verticalización del pedículo.
•Comenzar la disección lo más cerca posible del cuello de la vesícula y hay que empezar por liberarla a nivel posterior para despejar este cuello, lo que permite abrir el triángulo de Calot hacia delante para acceder a él de forma secundaria. Esta disección del triángulo de Calot con identificación de la arteria y el conducto císticos es la piedra angular de la intervención.
Nunca se debe seccionar o coagular un elemento antes de identificarlo. En especial, hay que desconfiar de la colocación de clips «a voleo» en caso de problemas hemorrágicos. Aparte de esta complicación y de forma más general, pueden plantearse varias estrategias: algunos autores recomiendan identificar de forma sistemática el conducto colédoco de forma visual, mientras que otros recomiendan mantenerse alejados de la región del pedículo. Es cierto que, en ocasiones, en los casos sencillos y en los pacientes delgados, el conducto colédoco se visualiza con facilidad en el borde derecho del pedículo, pero en la mayoría de las ocasiones, no es evidente e intentar verlo puede dar lugar a disecciones peligrosas. Además, si el conducto tiene una localización posterior y una implantación baja, visualizar el conducto colédoco es falsamente tranquilizador. Por tanto, los autores de este artículo prefieren mantenerse alejados del pedículo y realizar una colangiografía sistemática mediante canulación del conducto cístico lo más cerca posible de su cuello. Esta colangiografía:
Debe realizarse antes de la hemostasia de la arteria, al principio del procedimiento con un catéter atraumático y, en ocasiones, después de haber dilatado con suavidad el conducto cístico;
Nunca debe realizarse a la fuerza y hay que abandonar el procedimiento si el conducto cístico no se puede cateterizar; se pueden causar lesiones durante una colangiografía forzada;
Debe constar de un estudio completo con contraste del árbol biliar, lo que requiere en ocasiones maniobras de Trendelenburg y rotaciones del paciente e incluso una compresión suave del pedículo con la mano mediante una vía abierta o con un palpador en laparoscopia: se debe visualizar la zona inferior del colédoco, el conducto hepático común y verificar el carácter completo del árbol biliar (insistiendo en el reconocimiento de un conducto posterior derecho, cuya implicación es mayoritaria en las lesiones biliares graves).
Después de la colangiografía, el conducto cístico se liga con clips o con una sutura de forma hermética: si dicho conducto es corto, es preferible una ligadura precisa y después la arteria se individualiza con cuidado, desconfiando de ella si su calibre parece excesivo (hay que verificar que no sea una rama derecha de la arteria hepática).
Por último, se diseca la vesícula de atrás hacia delante y lo más cerca posible de ella. El lecho vesicular y el campo quirúrgico se inspeccionan a continuación con cuidado en busca de bilis.
Regla 2: adaptarse a las condiciones locales
Esto es necesario, sobre todo en caso de colecistitis gangrenosa o en las pediculitis inflamatorias con muchas adherencias en el cuello. La individualización y sobre todo la canulación del conducto cístico son difíciles en ocasiones y hay que recordar que el riesgo de lesión es mayor en tal caso. En ocasiones, es más sensato realizar una colecistectomía de delante hacia atrás, optando por dejar in situ una pequeña parte del cuello. En todos los casos, hay que dejar un drenaje en contacto con un conducto cístico frágil o no cateterizable sin realizar una disección peligrosa del pedículo. En el peor de los casos, la opción más segura puede ser una colecistotomía.
Regla 3: convertir la intervención en laparotomía si es preciso
Si se efectúa un acceso laparoscópico, ante unas malas condiciones o si es imposible la identificación de los elementos, o en caso de duda, no se debe dudar en convertir la intervención en una laparotomía lo bastante amplia para lograr una buena exposición.
Cuando se respetan todas estas reglas, se puede minimizar el riesgo de lesión biliar, pero no se elimina del todo.

Prevención

              Los medios de prevención de los traumatismos de la VBP durante una colecistectomía «abierta» son bien conocidos y se pueden resumir de la siguiente manera:
              Vía de abordaje adaptada a la morfología del paciente. Tensión del pedículo hepático con una valva infrahepática que eleve el hígado y otra valva que descienda el duodeno.
              Abordaje inicial del pedículo cístico y disección inicial de los elementos del triángulo de Calot (fig. A) en las colecistectomías fáciles.
              Identificación de las diferentes estructuras anatómicas antes de cualquier ligadura.


              Colangiografía peroperatoria por canulación del conducto cístico para apreciar su longitud (que en caso de necesidad se recortará) para reconocer eventuales anomalías biliares e incluso una eventual lesión biliar; ¿se debe hacer la colangiografía antes o después de la colecistectomía?
Cada opción tiene sus ventajas e inconvenientes; es indispensable un examen atento de las placas [2].
              En caso de hemorragia abundante en el hilio hepático, hacer un clampaje del pedículo hepático con el fin de realizar una hemostasia electiva.
              Los medios de prevención de los traumatismos de la VBP en el curso de una colecistectomía laparoscópica se derivan de los precedentes [16, 20, 23, 33, 42].
              Abordaje inicial del pedículo cístico y exposición del triángulo de Calot después de elevar el hígado y exponer el infundíbulo (fig. KB) mediante incisión del peritoneo por detrás y después por delante [20]. Mouïel [21] utiliza la técnica de la bandera por movilización del infundíbulo y del cístico hacia delante y hacia atrás para así exponer bien las dos caras del infundíbulo. La técnica americana descrita por Reddick [44] que utiliza la vesícula como tractor para así elevar el hígado, tiende a cerrar el triángulo de Calot (fig. 6C) y hace más difícil la disección de los elementos de este triángulo que debe hacerse en un plano sagital.

















6 Triángulo de Calot.
A.             El triángulo descrito por Calot estaba limitado por la VBP, la vía biliar accesoria y la arteria cística.
La tendencia actual es la de limitar el triángulo de Calot por la VBP, la vía biliar accesoria y la cara inferior del hígado.
B.            La tracción sobre la región infundibular tiende a abrir el triángulo de Calot y a facilitar la disección y la hemostasia de la arteria cística o de sus ramas.
C.            En la técnica americana de colecistectomía laparoscópica que utiliza la vesícula como tractor y así elevar el hígado, el triángulo de Calot tiende, por el contrario, a cerrarse por aproximación de la VBP y de la vía biliar accesoria, lo que hace más difíciles la disección y la hemostasia de la arteria cística.

              Aislamiento de la arteria cística o de sus ramas y del conducto cístico lo más cerca posible de la vesícula, a poca distancia.
¿Es necesario ver la VBP y la arteria hepática?
Muchos cirujanos europeos y americanos responden que sí. No, responde Dubois [20] pues buscar la VBP cuando no es visible bajo el peritoneo supondría correr el riesgo inútil de lesionarla.
              Colangiografía peroperatoria realizada de forma sistemática para verificar la integridad de las vías biliares [5, 39, 41, 45] o realizada de forma selectiva [20].
              Utilización prudente de la electrocoagulación: necesidad de instrumentos perfectamente aislados, sin coagulación en la proximidad inmediata de la VBP, utilización de la coagulación bipolar en caso de necesidad, menos peligrosa que la coagulación monopolar. La utilización del láser preconizada por Reddick no aporta ningún beneficio pero dificultades suplementarias [7]; por ello, se ha abandonado completamente.
              En caso de dificultad en la identificación del conducto cístico, en caso de implantación de un conducto importante en la proximidad de la unión de la vesícula y del conducto cístico, en caso de derrame biliar inexplicado o en caso de hemorragia difícilmente controlable, es necesario saber renunciar a la vía laparoscópica y hacer una laparotomía.

ASPECTOS MEDICOLEGALES

   Sugerimos que todo cirujano que realice cirugía laparoscópica de la vía biliar esté familiarizado con algunos conceptos médicolegales vinculados a su práctica profesional
En los Estados Unidos, los juicios de mala praxis por LQVB provocados en procedimientos laparoscópicos aumentaron veinte veces, en comparación con los originados por lesiones ocasionadas durante una cirugía a "cielo abierto". Dos factores se relacionan con los reclamos de negligencia médica:
1.            Fracaso por incumplimiento de la promesa de realizar un procedimiento "no invasivo" o con cicatrices "casi imperceptibles".
2.            Error o retraso diagnóstico ante una complicación.
Con el objetivo de evitar malos entendidos que daña directamente la relación médico-paciente (nuestra mejor defensa) sugerimos lo siguiente al cirujano responsable:
A.             No alimentar la "creencia social" que considera el procedimiento laparoscópico como algo "menor", "casi ambulatorio" o "imposible de complicarse".
B.            Aclarar que el objetivo principal es tratar una patología que el paciente posee.
C.            Dedicar el tiempo necesario para que el paciente entienda que, de ser necesario, el cirujano podrá optar por convertir el procedimiento realizando una laparotomía.
D.            Estar alerta en los casos cuya cirugía se haya desviado del procedimiento habitual.
E.             Detectar y no subestimar los signos que en el posoperatorio se aparten de lo esperado.

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