Colecistectomia laparoscopica 1ra parte



COLECISTECTOMÍA LAPAROSCÓPICA.
Dr. Juan Hernandez Orduña.


En el año 1882, el cirujano alemán Carl Langenbuch llevó a cabo la primera extirpación de la vesícula biliar mediante laparotomía.
    En 1987, Philippe Mouret utilizó por primera vez en Lyon la laparoscopia para realizar una colecistectomía. Esta técnica respondía a los esfuerzos por reducir la vía de acceso necesaria para realizar esta operación: incisión media supraumbilical, después incisión subcostal derecha, seguida de minilaparotomía, así como las consecuencias funcionales postoperatorias relacionadas con esta vía de acceso. En la actualidad, todas las operaciones de cirugía abdominal se realizan en parte, o completamente, mediante laparoscopia. Entre las fuerzas que han contribuido a la magnífica difusión de esta técnica, no hay que olvidar que quizás coincide con el deseo o la necesidad de responder de forma cada vez más imperativa a las esperanzas explícitas e implícitas del «paciente cliente ». La laparoscopia no es más que una vía de acceso, y a través de la experiencia adquirida con esta técnica, los cirujanos han tomado conciencia de que una gran parte de las consecuencias dolorosas o funcionales postoperatorias inmediatas dependía de la vía de acceso, más que de la operación a la que había dado pasó.
   La litiasis biliar se transforma en enfermedad cuando los cálculos de la vesícula son sintomáticos o migran fuera de la vesícula al conducto colédoco. Este capítulo está dedicado al tratamiento quirúrgico de la litiasis biliar sintomática con la ayuda de la laparoscopia. La finalidad no es sólo extirpar la vesícula, sino diagnosticar y tratar la enfermedad litiásica en su conjunto.
    La complicación más grave de la colecistectomía es la lesión del colédoco. La frecuencia y la gravedad de estas lesiones han sido y siguen siendo muy altas con la técnica laparoscópica, y sobre todo lo fueron en las primeras intervenciones.
  La laparoscopia ha «creado» el término de curva de aprendizaje. Todos los medios diagnósticos y técnicas necesarias para prevenir y diagnosticar esta complicación deben ser considerados como prioritarios.
   Dado que la colecistectomía es la operación laparoscópica más frecuente realizada por los cirujanos generales y digestivos, los principios técnicos generales de la laparoscopia en ocupan aquí un lugar amplio.

Indicación quirúrgica
   La litiasis vesicular sintomática y/o complicada (colecistitis aguda, colecistitis escleroatrófica, migración litiásica coledocal, etc.) constituye una indicación formal de colecistectomía. Sólo la presencia de factores de riesgo generales (cardiorrespiratorios, coagulopatía) puede cuestionar la indicación quirúrgica. Varias conferencias internacionales de consenso han establecido la indicación de colecistectomía laparoscópica como la intervención de referencia en la litiasis vesicular sintomática (Neugebauer, 2000).
   Las contraindicaciones formales del abordaje laparoscópico son, respecto al paciente, la sospecha de un cáncer de vesícula

Contraindicaciones formales del abordaje laparoscópico
1.             Sospecha de cáncer de vesícula.
2.             Cirujano sin experiencia en cirugía laparoscópica.
3.             y, en lo que respecta al cirujano, la falta de experiencia específica en cirugía laparoscópica o del instrumental adecuado.
   Las contraindicaciones absolutas de la colecistectomía laparoscópica son las hemodinámicas o las respiratorias del neumoperitoneo.
   Un abdomen con múltiples adherencias, procesos inflamatorios agudos, colecistitis supurada, colecistitis gangrenosa, fístulas biliodigestivas o cirrosis con hipertensión portal dificultarán el procedimiento quirúrgico. Sin embargo, en la actualidad la mayoría de los cirujanos que cuentan con una experiencia significativa en cirugía laparoscópica exploran a todos los pacientes a través de esta vía, con la posibilidad de conversión si es necesario.

Situaciones difíciles en laparoscopia
              Abdomen con múltiples intervenciones quirúrgicas y varias adherencias.
              Procesos inflamatorios significativos (colecistitis supurada, etc.)
              Fístulas biliodigestivas.
              Cirrosis con hipertensión portal.
    Es preciso obtener un consentimiento informado preoperatorio tras explicar las ventajas, las complicaciones del abordaje laparoscópico y las circunstancias y los beneficios de la conversión en laparotomía en caso de una intervención difícil.
   La conversión debe ser considerada por el cirujano (y por el paciente debidamente informado) como un gesto de prudencia más que como un fracaso técnico o personal.    En caso de poca experiencia, se recomienda seleccionar a pacientes con una patología biliar no complicada.
   Comparada con la técnica por laparotomía, la colecistectomía laparoscópica reduce el riesgo de complicaciones cardiopulmonares postoperatorias, pero no disminuye la respuesta inmunitaria ni el traumatismo tisular, valorado por criterios secundarios (interleucinas, proteína C reactiva [PCR], adrenalina, cortisol) ni evita la reacción catabólica postoperatoria.

Las ventajas de la colecistectomía laparoscópica sobre la realizada mediante minilaparotomía se han demostrado en siete ensayos terapéuticos según criterios clínicos. Para ser una técnica considerada sin duda alguna «mejor», los resultados son menos evidentes de lo que cabría esperar; sobre todo cuando el bienestar postoperatorio (dolor y vómitos) o la duración de la hospitalización se valoran con una técnica «ciega».

Valoración quirúrgica preoperatoria
   En función de los datos de la anamnesis y de la exploración clínica durante la entrevista anestésica preoperatoria, hay que solicitar de forma selectiva las pruebas que serán útiles para evaluar el riesgo quirúrgico.
   La ecografía hepatobiliar es el método de referencia para diagnosticar una colelitiasis. También ayuda en el diagnóstico de la colecistitis aguda. El momento óptimo para el tratamiento quirúrgico mediante laparotomía se sitúa en las primeras 48 horas de la colecistitis aguda.
   El riesgo de fracaso de la laparoscopia y de conversión a una cirugía por laparotomía aumenta en función del tiempo que transcurre entre el inicio de la colecistitis y la intervención. Si no se ha realizado en semi-urgencias, parece preferible posponer la intervención 6-8 semanas. La ecografía hepatobiliar determina el número y el tamaño de los cálculos de la vesícula y los calibres de los conductos cístico y colédoco.
   Si este último está dilatado, la detección de los cálculos que se localizan en él es más sencillo. La solicitud de otras posibles pruebas diagnósticas depende de la forma en la que el cirujano concibe el tratamiento de la coledocolitiasis.
   La colangiografía peroperatoria durante la colecistectomía laparoscópica puede llegar a realizarse en más del 90 % de los casos. La capacidad de tratar los cálculos diagnosticados mediante laparoscopia aumenta la tasa de éxito.
   La sensibilidad de la colangiografía peroperatoria bajo fluoroscopia para el diagnóstico de los cálculos de la vía biliar principal supera el 95 %. Se podría evitar de forma selectiva en los pacientes que tuvieran un bajo riesgo de coledocolitiasis. La puntuación que permite realizar esta discriminación viene dada por: R = 0,04 x edad + 3.1 (si el calibre del colédoco >10 mm en la ecografía) + 1,2 (si los cálculos de la vesícula < 10 mm) + 1 (si hay cólicos hepáticos) + 0,7 (si hay colecistitis aguda). La probabilidad de no tener cálculos en la vía biliar principal (valor predictivo negativo) supera el 97 % cuando R <= 3,5. En un paciente con litiasis biliar sintomática, sólo la colangitis (dolor, fiebre, ictericia) y la ictericia preoperatorias se asocian a una probabilidad mayor del 50 % de Coledocolitiasis ( Neugebauer, 2000).
   Las únicas indicaciones validadas para realizar una colangiografía retrógrada endoscópica (CRE) preoperatoria son la colangitis grave para el drenaje por esfinterotomía endoscópica (EE) urgente de la bilis infectada, y la intención de tratar mediante EE sin colecistectomía asociada una coledocolitiasis en pacientes cuyos riesgos quirúrgicos inmediatos sean considerados como demasiado grandes (puntuación ASA 3).
   La sensibilidad y la especificidad de la ecoendoscopia para el diagnóstico de coledocolitiasis son del 92 y del 100 %, respectivamente. Comparada con la CRE y la colangiografía peroperatoria, la colangiografía por resonancia magnética (RM) tiene un 15 % de falsos positivos y un 9 % de falsos negativos.

Posición del paciente y vía de abordaje
Organización del quirófano normas generales
   La laparoscopia aumenta la complejidad de la organización general del quirófano debido al estorbo de los aparatos necesarios. El cirujano debe asegurarse de que todo el personal que ayuda en la operación esté preparado para este tipo de cirugía, conozca el procedimiento y domine la técnica de los diferentes dispositivos necesarios: cámara y fuente de luz, cable de transmisión de luz, monitor, aparato de insuflación y fuente de C02, aparato de electrocoagulación y dispositivo de irrigación- aspiración. La instalación de todos estos aparatos conlleva un tiempo de ocupación de los quirófanos que, a veces, se subestima.
   La colocación del paciente sobre la mesa del quirófano y de los diferentes aparatos se hace en función de las dimensiones de los mismos y de la movilidad del fluoroscopio necesario para la colangiografía peroperatoria.
   La preparación del material necesario para la cirugía laparoscópica de la coledocolitiasis no es sistemática. Puede estar justificado realizar una valoración de la posible presencia de este cuadro en una fase preoperatoria por la información que se puede aportar al personal quirúrgico.

Material necesario
Equipo básico
   La mesa es convencional, motorizada, y permite la traslación, el ascenso, el descenso, las posiciones en declive y proclive y una lateralización que va de +20° a -20°. Permite un acceso radiológico y ofrece la posibilidad de añadir diversos tipos de accesorios que puedan instalarse durante la cirugía: apoyabrazos, férula de Quénu, tope púbico, apoyapiernas de Goepel, cabezal y accesorios de protección y de seguridad (colchón y cojines de gelatina).
   El sistema de aspiración de vacío está controlado por un manómetro y se conecta a los bocales mediante tubos. El generador de energía suele ser un sistema de electrocoagulación controlado mediante pedales (monopolar y bipolar).
  El electrodo neutro (placa) se pone sobre el muslo y está controlado con una alarma sonora de seguridad.

Material específico de videocirugía
    El material de videocirugía comprende una fuente de luz fría con dos tipos de bombilla: una de xenón de 300 vatios (con una duración de 500 horas) y una halógena (con una duración de 150 horas). La fuente de luz está conectada a la cámara mediante un cable de fibra óptica que debe comprobarse de forma periódica debido a su fragilidad. Su función es regular la intensidad de la luz que llega a la cámara.
   El término cámara endoscópica engloba el captor CCD, el cable de unión, la unidad de mando y el acoplador. El captor CCD de imagen de vídeo, también denominado cabeza de la cámara, transforma la imagen óptica en imagen de vídeo. 
   Existen dos tipos de cámaras: la mono-CCD y la tri-CCD. Esta última recibe de forma separada 3 imágenes: una roja, una verde y una azul, y ofrece la resolución de color más fina.
Un cable eléctrico multifilamento blindado garantiza la unión entre la cabeza de la cámara y su dispositivo de control. Las cámaras convencionales ofrecen al cirujano una imagen ampliada en dos dimensiones. Los estudios comparativos no han demostrado ventajas significativas para los sistemas de cámaras en tres dimensiones en el caso concreto de la colecistectomía laparoscópica.
La pantalla de vídeo o monitor es el eslabón final de la cadena del sistema de endoscopia. Su papel es recomponer la imagen captada por la cámara. Para conseguir una buena calidad de visión, la distancia entre el ojo y la pantalla debe ser unas tres a cinco veces la diagonal de la pantalla del monitor.
Material para la colecistectomía laparoscópica
   El instrumental de laparoscopia es un material costoso y frágil que comprende toda una gama de instrumentos de 5 mm y 10 mm de diámetro, que deben desmontarse para que se puedan limpiar y esterilizar.
   Los instrumentos necesarios para la colecistectomía laparoscópica son simples y poco numerosos:
-   dos trocares desechables o reutilizables, con un diámetro de 5 mm y dos con un diámetro de 10 mm;
-   dos pinzas de prensión atraumáticas y fenestradas, una de ellas debe ser hemostática (0: 5 mm);
-   un gancho de disección y electrocoagulación (0: 5 mm);
-   unas tijeras hemostáticas (0: 5 mm);
-   una pinza de colangiografía (0: 5 mm);
-   una pinza con clips reabsorbibles (0: 10 mm);
-   una cánula de irrigación-aspiración (0: 5 mm);
-   un disector de 5 o 10 mm de diámetro;
-   una aguja de punción (0: 5 mm);
-   un cable de conexión con la fuente de electrocoagulación;
-   un tubo de conexión entre el insuflador y el trocar;
-   un cable de luz fría;
-   un endoscopio rígido «óptico a 0°» (0: 10 mm).
   Una parte del instrumental de laparotomía sirve tanto para colocar los trocares como para extraer la vesícula.
Comprende:
-   un mango de bisturí;
-   un par de separadores de tipo Farabeuf;
-   una pinza de disección atraumática de tipo Backey;
-   una pinza de disección con dientes;
-   dos pinzas con dientes de tipo Kocher;
-   un porta-agujas;
-   unas tijeras;
-   una pinza de cálculos de tipo Mirizzi o Magil. El material desechable estéril que se utiliza es:
-   un estuche de campos quirúrgicos para colocar al paciente con las piernas en abducción;
-   un filtro bacteriano para el insuflador;
-   una funda para la cámara para evitar los inconvenientes de la esterilización sobre la cámara;
-   una funda para el amplificador de intensidad luminosa;
-   un catéter de tipo intravenoso de calibre 17 G, una jeringa de 20 ml y un medio de contraste para la colangiografía;
-   una aguja de neumoperitoneo de tipo Veress (si fuera necesario);
-   los tubos para conectar el lavado-aspiración (suero salino isotónico);
-   una bolsa para la extracción de la vesícula.

Conversión
   La probabilidad de convertir la operación en una laparotomía por fallo o complicación de la técnica de laparoscopia oscila entre un 5 % y un 20 %, en función de la experiencia y las indicaciones quirúrgicas. Es más elevada cuando el paciente es intervenido por una complicación aguda de la litiasis. Esta decisión de convertir la operación se toma a veces en una situación de urgencia, debido a una complicación hemorrágica peroperatoria. Como norma de seguridad, se debe disponer de forma sistemática en el quirófano de todo el material necesario para realizar una laparotomía.

Fuente de energía
   El gancho de electrocoagulación monopolar fue inventado para esta técnica. Se ha comentado mucho sobre los riesgos de las corrientes monopolares cerca de la vía biliar principal, y sobre los riesgos de difusión de la corriente mediante el fenómeno de arco eléctrico o por la conducción a través de los clips metálicos. La disección puede hacerse con las tijeras y no con el gancho. Se deben recordar algunas normas simples:
-   se debe revisar el aislamiento de la vaina en todos los instrumentos susceptibles de ser conectados a la fuente de electrocoagulación. Una parte no aislada puede crear un fenómeno de arco eléctrico, que es muy peligroso ya que puede producirse fuera del campo de visión;
-   la coagulación mediante pinza bipolar evita los riesgos de una coagulación accidental fuera del campo visual. Sin embargo, puede provocar corrientes de conducción si está cerca de clips metálicos, cuyo peligro es la estenosis secundaria isquémica del colédoco.
-   cualquier electrocoagulación hay que realizarla bajo control visual. El gancho coagulante se utiliza separándolo del colédoco y no al revés;
-   el láser YAG no presenta ventajas con respecto a la electrocoagulación monopolar. El disector con ultrasonidos ha sido considerado, «de forma subjetiva», ventajoso para la disección de elementos pediculares cuando están infiltrados por edema o grasa.
-                  
Anestesia y cuidados perioperatorios
   La cirugía abdominal laparoscópica requiere anestesia general con intubación. La sonda nasogástrica se coloca bien de forma sistemática, bien siguiendo las indicaciones del cirujano si observa que la cavidad gástrica está dilatada y se retira al final de la intervención. Las indicaciones de la sonda vesical se reservan a las intervenciones que duran más de 120 minutos. Una vez que se crea el neumoperitoneo ha de comenzarse la vigilancia continua de la proporción de gas carbónico del aire espirado mediante un capnógrafo.
   El objetivo del neumoperitoneo es crear un espacio quirúrgico. El volumen obtenido para una presión determinada es función de la relajación muscular de la pared. Mantener la normotermia no es algo prioritario para una colecistectomía laparoscópica cuya duración se prevé entre 45 y 75 minutos, sin embargo la intervención puede prolongarse por la presencia de cálculos en el conducto colédoco.

Estasis venosa y anticoagulación profiláctica
   El decúbito prono y el incremento de la presión intraabdominal disminuyen el retorno venoso de las extremidades inferiores y aumentan la presión en las venas femorales. Con relación a la activación de la coagulación sistémica después de la colecistectomía laparoscópica, las informaciones publicadas han sido contradictorias. Es posible que el obstáculo del retorno venoso de los miembros inferiores, el incremento de la presión intraabdominal y la activación del sistema fibrinolítico aumenten el riesgo de trombosis venosa en este territorio durante la colecistectomía laparoscópica aunque no se ha establecido la incidencia real de las complicaciones tromboembólicas. Los efectos negativos relacionados con la posición del paciente y el aumento de la presión intraabdominal pueden ser contrarrestados por los dispositivos de compresión venosa intermitente de los miembros inferiores. Por todas estas razones, parece prudente que se proponga una profilaxis de la trombosis venosa a este nivel en todos los pacientes intervenidos de colecistectomía laparoscópica mediante heparina de bajo peso molecular y medias elásticas que reduzcan la estasis venosa.

Profilaxis del dolor postoperatorio
   En estudios controlados y aleatorizados, se ha demostrado que los siguientes métodos pueden reducir el dolor postoperatorio después de la colecistectomía laparoscópica:
-   aspiración del gas residual al final de la operación;
-   instilación intraperitoneal de suero;
-   instilación intraperitoneal de anestésicos;
-   infiltración de los orificios de los trocares con anestésicos locales.
Un estudio aleatorizado francés no confirmó la eficacia de la administración intraperitoneal de bupivacaína sobre el dolor postoperatorio tras colecistectomía laparoscópica;
-   la utilización de trocares de 2-5 mm puede mejorar de forma secundaria el dolor postoperatorio y el resultado estético después de la colecistectomía laparoscópica frente a los trocares de 5 mm y 10 mm. La utilización de mandriles con expansión radial puede reducir el dolor postoperatorio si se compara con los mandriles cortantes.

Profilaxis antibiótica
En la laparotomía, un metaanálisis recomendaba la profilaxis antibiótica. Esta indicación sistemática ha sido puesta en duda por los resultados de dos estudios aleatorizados sobre laparoscopia; la profilaxis antibiótica debe reservarse a los pacientes operados por una complicación aguda de la litiasis.

Profilaxis de las náuseas y vómitos postoperatorios
Se estima que la incidencia de náuseas y vómitos tras la colecistectomía laparoscópica está entre el 10 y el 20 %. Varios estudios controlados aleatorizados han valorado la influencia de los fármacos antieméticos (dimenhidrinato, ondansetrón, granisetrón, droperidol, metoclopramida, hioscina transdérmica) sobre la prevención y el tratamiento de las náuseas y los vómitos.

Posición del paciente
   El paciente se coloca en decúbito dorsal, con las piernas separadas, y en posición anti-Trendelenburg. El cirujano se sitúa entre las piernas del paciente (posición denominada «francesa ») y el primer auxiliar a la izquierda del paciente. Si se considera necesario, un segundo auxiliar se sitúa a la derecha del primero. El sistema de vídeo se coloca a la derecha de la cabecera del paciente. La anestesia es general; durante la intervención se mantiene una sonda nasogástrica, con el fin de evitar una punción accidental de estómago distendido con la aguja de Veress que podría impedir una buena visión del campo operatorio.
   La colocación del paciente sobre la mesa de operaciones y las complicaciones que pueden aparecer son responsabilidad del cirujano y del anestesista. Según la ley francesa esta responsabilidad sólo implica al equipo de enfermería de anestesia y de cirugía de forma delegada.

1 Posición del equipo.

   El paciente se coloca en decúbito supino. La cabeza descansa sobre un cabezal de gelatina. Uno de sus miembros superiores descansa sobre un apoyabrazos relleno, fijo y en abducción inferior a 90°; el otro brazo se pone a lo largo del cuerpo, protegido en una férula de Quénu para permitir el paso del amplificador de intensidad luminosa. Las extremidades inferiores se colocan en abducción. Las piernas se ponen en un apoyapiernas de Goepel con las rodillas flexionadas a 5°. Para evitar el deslizamiento del paciente en la mesa de operaciones cuando se sitúa en proclive se coloca un tope púbico. El paciente se coloca en proclive a 10°-20° y rotado hacia la izquierda. La mesa se baja lo suficiente como para que el cirujano pueda operar con los hombros completamente relajados y los codos flexionados a más de 90°.
La columna de vídeo se instala a la derecha del paciente, a la altura del hombro. Para facilitar la visión, la distancia entre el ojo del cirujano y la pantalla debe ser unas 3-5 veces la diagonal de la pantalla del monitor.
   La posición en «equipo doble» permite al cirujano colocarse entre las piernas abiertas del paciente. El primer ayudante se sitúa a la izquierda del paciente y el instrumentista a su lado. Si fuera necesario un segundo ayudante, éste se pondría a la derecha del paciente.
   La colocación de otros aparatos tiene en cuenta la organización del quirófano y de los enchufes, pero también la ergonomía operatoria. Para crear el campo quirúrgico se utilizan paños autoadhesivos no de tela. El campo expone todo el abdomen y debe adaptarse a los trocares accesorios, a un posible drenaje y a una posible conversión a un procedimiento de laparotomía.

Neumoperitoneo
   Se suelen utilizar dos técnicas para crear el neumoperitoneo. La primera, «cerrada», emplea la aguja de Palmer o de Veress que se introduce en la cavidad abdominal para insuflar gas y luego inserta a ciegas el primer trocar. La segunda, «abierta», fue descrita por Hasson y consiste en introducir el primer trocar de forma «quirúrgica» bajo control visual y a continuación comenzar la insuflación.
   Se calcula que la morbilidad asociada a la creación del neumoperitoneo y a la inserción del primer trocar está por debajo del 1 % de los casos, pero debido a múltiples sesgos, la incidencia real de lesiones viscerales y vasculares se sigue ignorando. Seis ensayos controlados aleatorizados han demostrado que la técnica «abierta» causa menos complicaciones, es más rápida y menos cara que la técnica que utilizaba la aguja de Veress.
   En un análisis global, las tasas de complicaciones eran del 2,8 % (16/574) con la técnica «abierta» y del 11,6 % (64/552) con la aguja de Veress. En las auditorías prospectivas o retrospectivas, la incidencia de lesiones viscerales y vasculares era respectivamente del 0,09 % en 265 737 pacientes y del 0,096 % en 269 178 pacientes operados con una técnica «ciega», y del 0,05 y 0 % en 14 614 pacientes operados con una técnica «abierta». La incidencia de embolia gaseosa es inferior al 0,6 %. Aparece en más del 60 % de los casos cuando se crea un neumoperitoneo y se perfora un vaso de forma accidental con la aguja de Veress.
   A pesar de estos datos, las sociedades científicas no han publicado ninguna recomendación sobre la elección de una u otra técnica hasta la fecha.

Características del gas
   En comparación con el CO2, la insuflación de la cavidad peritoneal con otros gases (helio, N20, argón) no presenta ventajas clínicas demostradas. El calentamiento y la humidificación del gas que se va a insuflar tienen efectos clínicos limitados y en un estudio son contradictorios. El dolor postoperatorio que se irradia al hombro derecho o a los dos hombros se debe al estiramiento del diafragma durante el neumoperitoneo. Una presión de 5 a 7 mm Hg disminuye el dolor postoperatorio frente a presiones de 12 a 15 mm Hg.

Suspensión parietal
   La laparoscopia con suspensión parietal parece evitar los efectos secundarios del neumoperitoneo en los pacientes que tienen enfermedades asociadas (ASA III-IV). En los pacientes ASA I-II, la suspensión parietal conlleva menos alteraciones hormonales, hemodinámicas y respiratorias, y mejora el bienestar postoperatorio. Estos resultados no siempre se han confirmado. Aunque la exposición del campo quirúrgico es de peor calidad la suspensión parietal parece facilitar la operación en caso de colecistitis crónica.

Exploraciones diagnósticas peroperatorias
 Colangiografía peroperatoria
   La colangiografía mediante cateterismo del conducto cístico tiene unas tasas de éxito más elevadas y permite una mejor visualización del árbol biliar que la colangiografía por punción directa de la vesícula. La colangiografía bajo fluoroscopia permite una exploración en tiempo real de la vía biliar principal, la discriminación rápida entre las burbujas de aire y los cálculos, y disminuye los riesgos de falsos positivos. La compresión suave del colédoco con un instrumento atraumático, bajo control directo fluoroscópico, permite diferenciar una imagen de vacío relacionada con una burbuja de aire de una verdadera imagen de cálculo, y permite lograr la inyección correcta del árbol biliar hepático sin necesidad de recurrir a ayudas farmacológicas (sulfato de morfina, glucagón). La tasa de  falsos positivos en estos casos es inferior al 1 %. La colangiografía bajo fluoroscopia es más rápida que la realizada con radiografías simples estáticas. La colangiografía peroperatoria permite un control anatómico del árbol biliar y, cuando no se realiza, se asocia a un retraso del diagnóstico y a un aumento de la morbilidad de las lesiones biliares. En los dos ensayos que han valorado la colangiografía peroperatoria sistemática, la única lesión biliar grave descrita apareció en el grupo en el que no se realizó el procedimiento. Para que éste contribuya a la seguridad de la colecistectomía laparoscópica, se deben respetar ciertas reglas simples:
-                 los elementos anatómicos que se han ido identificando durante la disección deben asegurarse con clips y no seccionarse antes de la colangiografía;
-                 la colangiografía debe permitir el estudio de las vías biliares principales en su conjunto: mapa intrahepático completo (identificar todos los conductos sectoriales), unión superior de los conductos hepáticos derecho e izquierdo, unión inferior del cístico y del conducto hepático común, colédoco terminal y pasos duodenales;
-                 tras una colangiografía considerada normal, ningún conducto no identificado con anterioridad debe ser seccionado del lado del pedículo hepático;
-                 la búsqueda de cálculos requiere radiografías simples en cortes finos o un medio de contraste diluido, mientras que la exploración anatómica de los conductos intrahepáticos requiere un contraste óptimo.

Ecografía biliar peroperatoria laparoscópica
   Los ecógrafos disponibles son aparatos multifrecuencia que permiten la obtención de imágenes de resolución inferior al milímetro. La sonda de ecolaparoscopia se suele introducir a través del trocar umbilical de 10 mm de calibre, y su progresión se sigue mediante control visual. El extremo flexible de la sonda se coloca sobre la superficie de la cápsula hepática. La vesícula biliar se explora a través del segmento V del hígado y la unión biliar superior a través del IV. La exploración del pedículo hepático se realiza antes que cualquier disección. Si se hacen movimientos de rotación axial sobre la sonda que está colocada sobre la cara anteroextema del pedículo, se pueden identificar las vías biliares principales y los elementos vasculares del pedículo. El modo doppler color facilita la identificación de los elementos vasculares.
   Cuando se ha identificado la vía biliar, se sigue su trayecto de arriba a abajo sobre la superficie lateral del pedículo y se explora su parte terminal a través de la pared duodenal. Los criterios de interpretación esenciales son el calibre de la vía biliar y las posibles imágenes hiperecógenas asociadas a un cono de sombra posterior que refleja la presencia de cálculos en la misma. La ecografía permite además identificar determinadas anomalías de la anatomía biliar pedicular. Varios estudios han valorado la ecografía biliar peroperatoria bajo laparoscopia. De forma global, este procedimiento tenía más éxito que la colangiografía peroperatoria, y se realizaba en menos tiempo y con una especificidad mayor para diagnosticar cálculos, aunque menor precisión a la hora de visualizar la anatomía del árbol biliar. La sensibilidad era inferior o igual que la de la colangiografía. La ecografía biliar peroperatoria bajo laparoscopia depende del cirujano que la realiza, es necesario aprender la técnica (20-40 exploraciones) y no diagnostica las lesiones biliares.

Exploración e introducción de otros trocares
    Una vez que se ha introducido la óptica se lleva a cabo una exploración global de la cavidad peritoneal para comprobar que no hay adherencias u otras patologías no diagnosticadas.
    A continuación se introducen los otros tres trocares bajo control visual. Su punto de inserción es variable en función de la anatomía de paciente. Se coloca un segundo trocar de 5 mm a la altura del costado derecho, lateralmente sobre la línea axilar anterior y más o menos bajo en función del borde inferior del hígado, con el fin de disponerlo lejos de la vesícula. Se introduce la pinza de prensión vesicular, fenestrada y atraumática. Se introduce un tercer trocar de 5 mm en posición infraxifoidea, a la izquierda o a la derecha del ligamento suspensorio. Se colocará un separador hepático espatulado o una cánula de aspiración-irrigación. Asimismo, se introduce un cuarto trocar de 10-11 mm, denominado «trocar quirúrgico», a la altura del costado izquierdo, por dentro de la línea medioclavicular y a una altura variable en función de la localización del hígado y de la VB.
   Se introducirán los instrumentos de disección (tijeras, electrocoagulación con gancho, disector, tampón montado, etc.) y la pinza con clips. Los trocares n. o 2 y 4 deben disponerse de modo que los instrumentos quirúrgicos en el triángulo de Calot formen un ángulo de trabajo de 90 0 (principio llamado de «triangulación»). Una vez que los trocares estén en su sitio, se controlará visualmente el punto de colocación del primer trocar (introducido a ciegas) para asegurarse de que no hay complicaciones asociadas con la introducción (hemorragia, lesión visceral transfixiante, etc.).

Representación esquemática de la posición de los trocares durante una colecistectomía laparoscópica. A. En condiciones normales. b. En el paciente obeso y en caso de una colecistitis difícil.

   En casos complicados o en presencia de un lóbulo hepático izquierdo que obstaculiza y se desborda hacia la derecha, a menudo es útil sujetar el ligamento redondo hepático mediante un punto transcutáneo (Nylon 2/0 con aguja derecha), situado a ambos lados del ligamento suspensorio y transfixiando el ligamento redondo cerca de su inserción hepática. Se tensan y anudan ambos extremos en el exterior. Esta maniobra eleva la cara inferior del hígado y permite evitar, en la mayoría de casos, tener que colocar un trocar n. o 5 para mejorar la exposición. No obstante, si éste se considerara necesario, debería situarse a media distancia entre los trocares n. o 1 y 4.

 Visión quirúrgica de la suspensión del ligamento redondo por un hilo transfixiante.

Disposición de los trocares
   El trocar óptico tiene un calibre de 10 mm y se sitúa en la zona umbilical. La elección de una óptica a 0 o 30° depende del cirujano. En un paciente de corpulencia mayor de lo normal, una óptica a 30° puede tener más ventajas para la visualización de la región infrahepática si se ha optado por introducirlo por el ombligo. Si sólo se dispone de una óptica a 0°, una alternativa consiste en desplazar hacia arriba y hacia el hipocondrio derecho el lugar de introducción del primer trocar.




Posición de los trocares (A, B).
1. Trocar umbilical de 10 mm: trocar óptico. 2. Trocar epigástrico de 5 mm. 3. Trocar lateral derecho de 5 mm. Trocar del flanco izquierdo de 10 mm: trocar operador.

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